El arte y los lenguajes plásticos y visuales

(por Susana Reinoso)
3dnttop.jpg

La escuela no enseña a conocer en forma crítica el lenguaje de los medios de comunicación. Cada uno de los medios tiene una estructura narrativa y expresiva específica que requiere ser conocida por los ciudadanos del siglo XXI. La nueva alfabetización implica el conocimiento de los lenguajes audiovisuales, digitales, etc.
En este artículo se propone que el lenguaje de los medios tiene que incorporarse como materia de la currícula escolar.

La lengua es el elemento articulador de toda la enseñanza en la escuela. Además de transmitir conocimientos y ser un espacio de experiencias, la escuela es fundamentalmente un sistema de lenguajes. Y desde esta mirada podemos hablar del lenguaje de la matemática, el lenguaje de la historia, el lenguaje de la geografía. Todos estos lenguajes se aprenden y se aprehenden por la lengua.

Pero la lengua es también la herramienta que nos permite acceder a los lenguajes de los medios de comunicación. Ya sea de la prensa escrita, de la televisión y la radio, por nombrar a los tradicionales, como a los nuevos medios: Internet, el correo electrónico, el blog, la wikipedia, los teléfonos celulares y otras novedades que las tecnologías incorporan a nuestra vida sin nuestro permiso, obligándonos a familiarizarnos con ellos rápidamente para no caer en el analfabetismo audiovisual, algo tan grave en nuestros días como el analfabetismo funcional.

En el debate sobre la oportunidad y la forma en que la educación debe ser modernizada, esa modernización tiene que incluir, además de la introducción de la computadora e Internet, la “educación para los medios”.

Hablo aquí de programas de alfabetización audiovisual dirigidos a los padres, los docentes, los chicos y la sociedad en general, capaces de enseñar todos esos nuevos lenguajes. No sólo el de diarios, revistas, televisión y radio, lo que daría ya mucha tela para cortar, sino en el lenguaje y el uso de los nuevos medios. De este modo, podemos identificar los múltiples significados que encierran los códigos de esos lenguajes mediáticos.

Pero, principalmente, con el aprendizaje crítico del lenguaje de los medios los ciudadanos pueden ejercer una recepción crítica de los mensajes que recibe. Y, fundamentalmente, apropiarse de ellos para aplicarlos a experiencia cotidiana. La escuela es el escenario imprescindible donde este nuevo reto tiene que ser experimentado, porque la educación en el lenguaje de los medios tiene que ser formal.

Para cumplir este cometido creo que hoy existen muy pocos profesionales capacitados para desentrañar el lenguaje de los medios. Y esto constituye una primera dificultad. Hay demasiados improvisados en la práctica de educar en los medios y un número mayor aún de teóricos sin práctica. El asunto es muy serio, porque cada medio tiene su propio lenguaje, una manera compleja de transmitir los mensajes que, a la postre, es su perspectiva también compleja de ver la realidad.

Cuando un diario titula una noticia a cinco columnas y en negrita, para expresarlo en una jerga periodística, y le confiere al texto una equis cantidad de caracteres, transmite no sólo la relevancia de esa información específica, sino además su particular punto de vista respecto de la noticia que ha privilegiado y lo hace extensivo a sus lectores. De igual modo ocurre con los noticieros de televisión o los informativos de la radio, con los periódicos on line y los newsletters personalizados. Todo encierra una mirada que no se alcanza a discernir, si previamente si previamente no se aprende a dilucidar el lenguaje propio de cada medio.

A esa mirada hay que sumarle hoy un asunto clave que ha venido a complejizar el lenguaje de los medios. Y ese asunto es el de la propiedad de los medios. Ese lenguaje está presente, además, en la programación. No es lo mismo Marcelo Tinelli en Canal 9, que Macelo Tinelli en Telefè.

Vamos a compartir unos ejemplos. Caso Cromagnon: si se revisan los tapes de la cobertura de los canales de Buenos Aires. Canal 13, Telefé, Canal 9 y América TV, se puede detectar qué canal recibió más publicidad del gobierno porteño, para bajarle la temperatura al tema en su pantalla. El lenguaje del medio en sus noticieros quedó teñido de absoluta parcialidad, a partir de un hecho trágico con el cual se manipuló a la audiencia. Ni siquiera por una convicción ideológica. Sino por dinero.

Este año también, la Cámara de Anunciantes se quejó por el “apriete” que sufría de algunos canales de televisión a la hora de anunciar sus productos. Sentados frente al televisor y viendo ese informe sobre aumentos de precios. ¿Se les ocurriría pensar que ese informe está armado para influir sobre la voluntad de un anunciante en lugar de informar lisa y llanamente sobre un hecho de actualidad?

El ojo crítico
El doctor Roberto Aparici, director del Master en Nuevas Tecnologías de la Educación y la Comunicación, de la Universidad Nacional a Distancia de España (UNED), un especialista muy respetable, propone distintas perspectivas en relación con la labor educativa con los medios
• Hay, por un lado, una concepción técnica, que consiste en enseñar destrezas y habilidades para usar los medios, pero sin reflexionar sobre los mismos.
• Hay otra concepción sobre los efectos de los medios en la escuela, que sostiene que su aplicación educativa mejora el aprendizaje.
• Y hay una tercera concepción crítica que propone usar los medios como textos, donde el alumno aprende a conocer y dilucidar el lenguaje, a construir y a deconstruir los mensajes, lo que le permite comprender el proceso de producción de la información desde una dimensión político-socio-económica, además de estética.
Esta última concepción ofrece un marco más amplio para dar curso a cuatro preguntas básicas, propias del sistema educativo:
• ¿Qué tipo de ciudadano se forma hoy en la escuela?
• ¿Cuál es el ciudadano que corresponde formar de cara al país actual inserto en un mundo global, cuya última revolución abrumadora ha sido precisamente en los medios?
Esa “educación para los medios” tendría que ser incluida en las aulas desde la docencia, a partir de la capacitación previa de los maestros. El escenario en el que hoy vivimos está atiborrado de información y de medios, que nos permiten acceder a los hechos más terribles y complejos en cualquier rincón del mundo, sin ningún recurso para influir sobre ellos.

La escuela tiene que incluir en sus planes el lenguaje específico de cada medio, para que los alumnos puedan aprender a desentrañarlo críticamente y no ser rehenes de ellos. Cuando se analiza en clase el cúmulo de recursos que el lenguaje de los medios utiliza para comunicar, el chico está en condiciones de liberarse de la manipulación, por distanciamiento crítico, y se contribuye a formar un ciudadano independiente, no cautivo de la retórica de los medios.

Los adolescentes e, incluso, los estudiantes universitarios (esto lo compruebo como profesora universitaria) exhiben un nivel muy preocupante cuando se observa su comportamiento en relación con los medios. No son lectores de diarios ni de revistas, no son televidentes críticos, no son oyentes de radio en estado de alerta: Son consumidores pasivos.

Pero hay otro aspecto. Hay que aprender también a distinguir entre el lenguaje de un libro y el lenguaje de los miedos. ¿Por qué?

Porque fuera de la palabra impresa, el libro no suele recurrir a otros recursos en apoyo de la misma. El niño es un sujeto activo de esa creación. A diferencia de lo que le ocurre en cuanto consumidor de medios, circunstancia en que asume un papel pasivo.

Esta propuesta que comparto con ustedes no es nueva. Sólo que no se institucionaliza masivamente en el sistema educativo como la geografía, la historia, la biología. Hay antecedentes de los años 70 en Inglaterra, USA y Australia.
Reflexión final
Nada ata más que la ignorancia, ni somete más que la falta de saberes. Platón decía que quien tiene el discurso tiene la espada. Hoy, quien es capaz de desentrañar el lenguaje del discurso mediático tiene en sus manos un poder. El poder de construir una identidad ciudadana en un contexto local que tiene que funcionar en sintonía con un contexto mundial, donde cada vez más asistimos a democracias de opinión que sustituyen al modelo conocido hasta ahora: la democracia representativa.
Hoy el peso de la opinión pública es inevitable para los medios. De allí que es necesario formar una opinión pública crítica y consciente de su papel en las nuevas democracias. Si no se comprende y no se aprende el lenguaje de los medios, no hay posibilidad de construir una ciudadanía crítica. La labor de docentes, directivos de escuelas, padres y alumnos es generar propuestas que, más tarde, se incorporen oficialmente a la currícula escolar. Educar para los medios, tradicionales o nuevos, es parte indispensable en la construcción de una nueva ciudadanía independiente a nivel global.

Sólo así se deja de ser simples consumidores de medios y se asume el compromiso de una ciudadanía activa.

Toda la información de esta página está extraída íntegramente de la UNED, de un artículo de Susana Reinoso.